sábado, 17 de diciembre de 2011

El trastorno disocial

Hoy quería compartir con vosotros información sobre el trastorno disocial que he escogido de la página web del Creena (Centro de Recursos de Educación Especial de Navarra). 

Mientras le echáis un vistazo podéis escuchar esta canción de Joaquín Sabina, que creo acompaña muy bien este asunto, aunque desgraciadamente la historia termina mal. Esperemos no llegar demasiado tarde más veces.









Las personas con Trastorno Disocial se caracterizan por mostrar un patrón de comportamiento persistente y repetitivo en el que suelen incumplir importantes normas sociales propias de su edad y vulnerar los derechos básicos de los otros. 

El trastorno disocial se caracteriza por la presencia de comportamientos agresivos: amenazas, intimidaciones, provocación de peleas, utilización de armas, crueldad física con personas y/o con animales, robos con enfrentamiento e intimidación, violencia sexual y violación grave de las normas establecidas. En la génesis del trastorno los comportamientos menos graves (mentir, robar en tiendas, peleas físicas…) suelen aparecer antes, mientras que otros (robos con asalto, uso de armas, violaciones…) lo hacen posteriormente. 

Este tipo de comportamientos manifestados en los ambientes próximos (familia, barrio, escuela…) y en la relación con personas conocidas (padres, vecinos, compañeros…) generan graves conflictos que suelen agravarse progresivamente (escalada del conflicto o efecto bola de nieve): el entorno, ante sus comportamientos, se va volviendo  cada vez más hostil y, ante esta hostilidad, el  niño/adolescente responde con mayor agresividad.

La presencia de un trastorno disocial implica, siempre,  un deterioro significativo en las actividades familiares, escolares y sociales de la persona. Las consecuencias de sus comportamientos pueden derivar 
en medidas judiciales, educativas y sociales que, en ocasiones, suponen contención, alejamiento o exclusión.

Las personas con trastorno disocial suelen presentar, en menor o mayor grado, algunas características específicas de personalidad: escasa empatía y preocupación por los demás, dificultades para percibir los sentimientos, deseos e intenciones ajenas (los interpretan de forma hostil), insensibilidad y poca capacidad para reconocer la culpa o mostrar remordimiento, autoestima distorsionada (baja o alta), inestabilidad emocional y muy baja tolerancia a la frustración.


  • El Trastorno Disocial es de inicio temprano si, antes de los 10 años, muestra al menos una característica del trastorno. El inicio precoz predice un pronóstico peor, un mayor riesgo de presentar un trastorno de conducta persistente y de desarrollar un trastorno antisocial de la personalidad en la etapa adulta. 
  • El Trastorno Disocial de inicio en la adolescencia presenta menor despliegue de comportamientos agresivos aunque sí reacciones desmedidas e incumplimiento sistemático de normas, especialmente en presencia de otros. El pronóstico es menos grave dependiendo básicamente del rango de conductas mostradas y de las condiciones, recursos y habilidades puestas en marcha por el entorno social.

INTERVENCIONES EDUCATIVAS 
Los programas de intervención educativa que se han mostrado más eficaces poseen una serie de criterios y elementos comunes entre los que destacan los siguientes:
  1. Existencia en el centro de adultos de referencia que posean atractivo (valor) personal  para los alumnos, capacidad de empatía, estabilidad emocional, rigor en la exigencia y flexibilidad en la aplicación de consecuencias.
  2. Mecanismos para la  tutorización de estos alumnos reservando espacios y tiempos para el contacto interpersonal.
  3. Plan de convivencia colectivo e individual claro y concreto con especificación de normas, límites y consecuencias. Convertir este marco en un contenido más de enseñanza y aprendizaje (trabajarlo y evaluarlo frecuentemente).
  4. Participación del alumnado en el diseño del marco normativo y en la gestión de su control y de la aplicación de consecuencias.
  5. Plan consensuado de intervención ante comportamientos problemáticos y/o antisociales que contemple medidas preventivas (clima de clase, marco normativo…), formativas (entrenamiento en habilidades sociales y resolución de problemas,  modelado de  estilos reactivos, análisis de conductas y asunción de responsabilidades…), correctivas (aplicación de consecuencias) y de contención (tiempo fuera, protección de víctimas…). 
  6. Trabajo en red cuando la conducta trasciende al ámbito escolar y adopte formas predelictivas o delictivas (profesores,  orientadores,  familia, terapeutas, policía local, trabajadores sociales, agentes judiciales,  conserjes y cualquier otra persona de relevancia para el caso).
  7. Participación de las familias en el seguimiento y control del comportamiento escolar. Establecer cauces fluidos de información y coordinación.
  8. Coexistencia de una  acción terapéutica  cognitivo-conductual cuya aplicación considera la generalización de las adquisiciones en el ambiente familiar y social próximo.

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